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jueves, 26 de enero de 2017

A veces me tengo miedo


A veces me tengo miedo
Y no sé cómo zafar 
He cumplido el viejo anhelo 
De vivir en... soledad 

A veces te tengo miedo 
Gracias al cielo me sé cuidar 
He cumplido tu deseo 
Ahora quiero descansar...
La soledad 
No tiene mal 
Ni principio ni final 
Como una pista para despegar 

Hay que saberla pilotear.... 

Al menos en otro tiempo 
Todo intento daba igual 

La soledad 
No tiene mal 
Ni principio ni final 
Como una pista para despegar 

Hay que saberla pilotear... 

Y remontarla… 
Y abrazarla…

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Filosofía: amor por la sabiduría





Filosofía. Amor por la sabiduría, por el conocimiento, por el pensamiento, por la reflexión. Extraño a mis libros, viejos amigos entrañables. Hay filósofos que han marcado mi vida. Claro, cualquiera podría pensar -¿Y? ¡A mí que me importa! Sin embargo, a mí me importa y mucho y quiero volver a ese viejo amor: la lectura (masiva) y que por la tiranía de las ocupaciones uno va dejando de lado.

Hay lecturas que nos marcan. Hay autores que dejan una huella en nosotros. Marca imborrable y, al mismo tiempo, por momentos inapreciable a la distancia. ¿Será que uno va perdiendo la capacidad de soñar? ¿será que uno se va aburguesando? No sé. Sin embargo, acá estoy, esta noche, extrañando mis libros y -cholulamente también- a mis apócrifos amigos, los filósofos.

Por caso, de Jean-Paul Sartre me quedan La imaginación y Lo imaginario, libros donde tempranamente esboza su teoría, la cual años más tarde acabaría por bautizar "Existencialismo", en El Ser y la Nada. También pienso en La náusea, otro clásico, pero en este caso de la literatura -como si la filosofía no fuera, acaso, una forma más pretenciosa y menos palpable de literatura- y que le valió el Premio Nobel, que rechazara con hidalguía, para no "convertirse en una institución".

Luego, de Merleau-Ponty (compañero de andanzas de Jean-Paul) me queda todo su edificio teórico acerca de una Fenomenología de la percepción, tal el título de su libro más imprescindible, pero también los ensayos sobre cine, sobre la radio y sobre Einstein y Freud, que aparecen compilados en Signos.

También mis ojos descendieron vagamente sobre ríos de letras en las borrascosas aguas de Aristóteles, Platón, Heidegger y Castoriadis, entre otros tantos maestros. A todos ellos quiero dedicarles hoy estas líneas vacías, que -más que un repaso con pseudoacadémico- es antes, a la vez, un brindis (¡chin-chin!) y una apología de la lectura, por la lectura misma. En este punto no se me ocurre mejor definición de la Filosofía y termino como empecé: amor por la sabiduría, por el conocimiento, por el pensamiento y por la reflexión.

martes, 27 de septiembre de 2016

Madre, mujer, amante (soneto de domingo)



Madre, mujer, amante
Dueña de un destino errante
Señora de la voz cantante
Déjame que hoy te cante

Amiga del hogar y de la tardes
Y también de la pasión que arde
Hoy vengo a decirlo sin alardes
Tengo amor para que guardes

Entretanto los hijos han crecido
Inapelable signo del tiempo vivido
Y si bien parece que no soy reconocido

De nuevo regreso a tu fuente inagotable
Para llenarme en cantidad apreciable
De tu amorosa inspiración interminable














jueves, 9 de junio de 2016

Vidala desvelada


Sábado a la noche, rayando ya el domingo. Esa vuelta nos juntamos con mi hermana Jimena en plan ensayo y tertulia, en casa de mis viejos. Con distraído deleite, mi tata, que "hacía ratito se hacía un poquito el desentendido" como la luna de María Bonita, nos oía cantar, mientras acomodaba, diligentemente, la última vajilla.

Y bebimos vino y cantamos y el tiempo (materia que somos pero que olvidamos para vivir) fugazmente se detuvo. Y Jaime y Julia Elena y Falú y Los Hermanos Berbel pasaron a visitarnos aquella noche por Ruca-Huasi. Pasadas las zambas, vidalas y valses, la tertulia, los clásicos recitados y las empanadas y el vino, en un momento partí para mi casa. 

Sin embargo, aproximadamente a las cuatro de la mañana me desperté, con tanta vitalidad que me encerré en el baño para no despertar a loa chicos y compuse, de un tirón, esta Vidala desvelada, que a continuación los invito a compartir. 

Nos lleva exactamente toda la vida prepararnos para vivir este preciso y precioso momento. Estamos vivos, somos queridos. Cantamos. Y me siento bendecido!




jueves, 21 de abril de 2016

Todo empezó por el estribillo


Todo empezó por el estribillo. Yo jugaba con una secuencia de cuatro acordes (DO menor, SOL sostenido menor, SI Mayor y MI Mayor) y un pequeño arpegio, disonante, alternando MI y MI bemol en la primera y segunda cuerda de la guitarra. Todavía no tenía claro el resto de la canción, sólo que la base debería estar en MI Mayor y que sería una "chacarrara", es decir, una chacarera rara, diferente.

Ella se me acercó con esa inevitable y sigilosa curiosidad que a la vez condena y libera a los gatos, porque los hace únicos. No quiso interrumpirme, pero me interrumpió. Sé que no quería que la mirara, pero la miré. 

Y le pregunté: -Hija ¿cómo te parece que se tiene que llamar esta canción? -¡Ay papá, es obvio, se tiene que llamar "Vivir sin amor"! respondió ella, de lo más resuelta, sin haber oído más que un par de acordes sueltos y un arpegio. Y así fue.

Mírenme 
Traigo el Norte en la piel 
Quiéranme 
Preciso amor para ser 
Soy el que siempre te quiso, te llama 
Y escucha cuando te caes 
Yo soy quien llega, se acerca pregunta 
Y reclama si no te bien 

Díganme 
Nunca me asusta saber 
Háblenme 
Quiero oírlo otra vez 

Soy el que nunca te ha visto llorando 
A oscuras porque alguien se fue 
Soy el que llega, te mira, pregunta 
Y te abraza si no te ve bien 

Todas esas cosas que decimos sin querer 
Pueden lastimar, desaparecer 
Toda esa alegría que teníamos ayer 
La vamos a perder al atardecer 

Ya lo sé 
A veces no me querés ver 
Yo también 
Tengo mis días sabes 

Soy el que siempre te ha dicho 
Prefiero el olvido si no me querés 
Soy el que llega, te mira, pregunta 
Y te abraza si no te ve bien 

Todas esas noches que pasamos sin hablar 
En la inmensidad de la oscuridad 
Toda esa energía que creíamos ganar 
La venimos a perder a causa de la ansiedad 

Todas esas tardes que pasamos sin saber 
Lo que iba a suceder con todo aquel dolor 
Esos sentimientos que solíamos tener 
Se pueden perder y habrá que vivir sin amor 

Mírenme traigo el Norte en la piel 
Quiéranme preciso amor para ser


jueves, 3 de diciembre de 2015

Cantate alguito prima Flor, meta pues!



Venite prima Flor, cantate alguito

Meta pues Flor de la Primavera

Unas rimas de tu tata Jaimito

De las tapas de los viejos vinilos

A este nuevo tiempo que compartimos

A la distancia, todo evoca los sentidos

De la Salta Madre, siempre lejana (nunca ajena)

Que siempre vuelve y siempre queda

Y siempre tira y siempre llega!





sábado, 24 de octubre de 2015

Ese dulce antibiótico natural



Hace unos años volvía a Bariloche en avión de un viaje por trabajo a Buenos Aires y, cuando fui a ocupar mi asiento en una fila de tres, descubrí con sorpresa que a ambos lados se ubicaban dos científicos jubilados australianos, marido y mujer. En cuanto les ofrecí el asiento del medio para que viajaran juntos me dijeron que no me preocupara, que no se trataba de un error sino que viajaban así porque a ella le gustaba la ventana y él tenía que tener la pierna estirada y por eso prefería la ubicación del pasillo.

Enseguida trabamos conversación "in English". Generalmente aprovecho estas oportunidades para charlar y practicar el idioma que aprendí de muy chico con mi abuela Lucy, profesora de inglés. El hombre me comentó que había sufrido una infección en el pie izquierdo al clavarse una astilla mientras caminaba por la playa en la isla de Madagascar.

En unas pocas horas, la pierna comenzó a hincharse cada vez más, al punto que tuvo que suspender sus vacaciones y regresar de inmediato a Sudáfrica. El caso es que con el pinchazo, el hombre se había infectado con una "superbacteria", es decir, una bacteria muy rara y sin cura conocida. Al llegar a su país lo internaron de urgencia. Cuando su médico de cabecera fue a examinarlo, le dijo que era muy probable que tuvieran que amputarle la pierna. "Pero no te preocupes", dijo el doctor, "si te la cortamos bien arriba, solucionaremos el antiguo problema de tu rodilla". A medida que el hombre continuaba con su relato, aumentaban parejamente mi sorpresa e indignación.

Finalmente, me contó que se zafó de la amputación gracias a Google y a sus conocimientos científicos que le permitieron: a) desconfiar de médico y b) filtrar correctamente la información que iba obteniendo en Internet acerca de las superbacterias. Y así fue que dio con la miel, ese dulce antibiótico natural que habría de salvarle la pierna. Durante días se puso miel en la herida y en el resto del pie y cuando volvió a ver al médico el tipo no podía creer que se hubiera curado.

Y así fue como siguió su vida de científico jubilado, pudiendo caminar y viajar para conocer lugares tan remotos como la Patagonia, donde ahora veníamos a encontrarnos. Claro, ya sé, ustedes dirán: pero tan bien no se curó, sino no tendría que viajar con la pierna extendida. Pero no. La razón para "estirar la pierna" era su rodilla, aquella que el médico proponía cortar, de paso, matando dos pájaros de un tiro.

Miel, el antibiótico dulce. La miel es un placer para los golosos que nos ayuda a mantener alejadas las infecciones. Contiene azúcares energéticos, vitaminas, minerales, enzimas activas, aminoácidos, ácidos orgánicos, sustancias antibióticas (inhibina, ácido fórmico), polen, acetilcolina y agua. Se recomienda utilizarla a diario aunque sin abusar (es muy calórica) para endulzar infusiones, bebidas y comidas. Los abuelos sabían lo que hacían. La miel con limón es el mejor remedio para aliviar los problemas de garganta, cura-sana natural. Las heridas y quemaduras también se curan con miel. Las propiedades antisépticas y cicatrizantes de la miel evitan las infecciones y aceleran la curación de la piel dañada. Todas son cicatrizantes, pero la mejor es la de lavanda.



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